Les extraían los ojos, un riñón, incluso tengo mis sospechas que les cambiaban su corazón por otro enfermo, pero lo que seguro le sacaban eran los ojos, era lo que mejor se vendía en el mercado. Me los devolvían en una ambulancia, muchos en estado de coma, daba pena, pero para que dilatar su sufrimiento y yo, yo, tenía que desenchufarlos, mientras les acariciaba las carnes vivas de su cabeza, porque también les extraían el cuero cabelludo.
Le llamé a mi despacho, y le reproché, por el inmundo estado en que me los devolvían, incluso no llegaban a estar un mes, ella solo me preguntó si tenía mas para ese mes, que estaba dispuesto a pagar el doble si fuera necesario, pero que no la molestara más con esas historias, mientras hablaba, ella sacaba la chequera, redondeaba ceros y me largaba a la cara el cheque, diciéndome, que eso era por todos los problemas que nos estaban generando. Yo afinaba la voz, pedía consideraciones, pero nada ella se ponía unas gafas oscuras, como en las películas y se marchaba, mientras el cheque parecía tener vida, movido por la brisa que entraba por la ventana.
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